miércoles, 19 de mayo de 2010

Poesía y narrativa lésbica










La magia, el eros, la irreverencia y la fuerza de la poesía y narrativa de las mujeres que aman a otras mujeres, se derraman en este espacio. Muchos siglos han pasado para que las mujeres lesbianas fueran reconocidas como artistas, en la literatura, la ciencia, la academia, y la política. Pero a inicios del Siglo XXI, muchas viven en la clandestinidad por el temor a la discriminación y las represalias. En nuestro país, El Salvador, poco a poco se van abriendo espacios y lugares para que las lesbianas puedan visibilizarse sin ser agredidas. Pero falta mucho camino que recorrer, gracias a la lucha de la comunidad LGBT, de las lesbianas organizadas y del Movimiento de mujeres del país, la lesbianas vamos ganando poco a poco nuestro derecho a tener derechos.


CANTICO. Rosa María Roffiel (México)

Me gustan las mujeres esdrújulas
sin brújula
sin mítica
sin tónica
Las que aman con
las vísceras
las células
las glándulas
las rítimicas
intrépidas
impúdicas
las pérfidas
ingrávidas
poéticas
las mágicas
las lésbicas
lunáticas

Me gustas tu, Andrómeda
erótica
magnífica
política

MUJERICA

MI DIVINA LYSIS. Sor Juana Inés de la Cruz. (1651-1695). México

Divina Lysis mía
perdóna si me atrevo
a llamarte así, cuando
aún de ser tuya el nombre no merezco.

A esto,
no osadía es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mi pudiera haber atrevimientos.

Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.

Mi, rey dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.

Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino lo que yo ser tuya quiero.

Yo te ví; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.

Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más me merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio.

En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme
este mismo castigo será premio.

A ESTHER SINGER. Alejandra Pizarnik (1936-1972. Argentina)

Vida, mi vida, dájate caer, déjate doler mi vida
déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo,
de piedras verdes en la casa de la noche
déjate caer y doler mi vida.

AMANTES

Una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío


CLASICO. Minerva Salado. Cuba/México

Tu nombre prorrogado sobre las páginas de esta agenda
que duele tanto como un diario de guerra
sirvió para que aprendiera de memoria
el colmo de tu sonrisa
la voz quebrada y esa flor pávida -medrosa- de los ojos
cara o cruz en tu rostro.

Difícil tarea la que me embarga:
escribir sobre tu huella las mismas palabras
vover a tocar la tierra blanda por donde
apareciste
emergiste
cual una noche larga o un continente.
decir de nuevo que todo ha terminado
y pronunciar tu nombre sin olvido
como un descubrimiento cada vez
leve durante tanto tiempo.

DE VERDAD QUE MORIR YO QUIERO. Safo de Lesbos. 650/610-580 a.c. (Grecia)

De verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mi
Y al marchar me decía: Ay Safo
que terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de tí.

Pero yo contestaba entonces.
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por tí sentí

y si no, recordarte quiero
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuanto hermoso a las dos nos pasó y felíz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tu
junto amí te ponías después allí,

las guirnaldas que tu trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil.

perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite de jazmín.

Recostada en el blando lecho
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tu ya salir.

Y ni fiesta jamás, ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tu no quisiereas conmigo ir.

"CON LA BOCA ABIERTA" Madrid, Odisea Editorial 2006. Fragmento de "Un puñado de Cenizas", cuento. Odette Alonso (Cuba/México)

- ¿Estabas durmiendo?- Preguntó Yanela
- Te estaba esperando.
Frente a ella, el cuerpo menudito de Mariana parecía más pequeño en ese instante. Un solo paso las separaba y Yanela lo dio. Los labios de Mariana se despegaron como una señal. La apretó contra su cuerpo mientras entraba en su boca como en una cueva mágica. Besándose cayeron sobre las camas.
-No por favor- dijo Mariana incoporándose.
-No seas boba, muchacha, no pasa nada.
Yanela levantó con su mano la barbilla de Mariana. Sus ojos se encontraron sólo unos segundos antes de que sus bocas se unieran nuevamente. La mano de Yanela reconocía las caderas, se abría paso entre los muslos.
_No, por favor.
La empujó y se levantó como impulsada por un resorte.
-Mejor nos vamos.
Sentada en la orilla de la cama, Yanela extendía los brazos implorante.
-Por favor- insititó Mariana, con su bolsa en la mano y caminando decidida hacia la puerta.
Media hora después, la mano de Yanela, oculta debajo del largo mantel manchado de salsa de tomate, se posaba sobre uno de sus muslos. Los dedos de Mariana se enredaron con los suyos y juguetearon mientras sostenía con toda naturalidad, una insulsa conversación con el desconocido con quien compartían la mesa de la pizzeria. Y después del almuerzo ya no se separaron: cuando se econtraron con Lolita, la otra inspectora, Mariana la presentó como una amiga y elogió ampliamente una obra plástica que no conocía. Con ellas se fue a recoger las evaluaciones y, ya atardeciendo, se quedaron solas en el bar del hotel, una amplia terraza con vista al parque central. Pidieron dos cervezas.
-No se que me está pasando contigo- dijo Mariana-. Estoy asustada.
-Yo si lo sé -dijo Yanela con la mirada perdida sobre el balcón- y lo único que me asusta es que te vayas mañana.
Mar pareció entristecerse, pero cuando la pierna de Yanela se extendió por debajo de la mesa y rozó la de ella, los ojos le brillaron tanto que tuvo miedo de que todos alrededor se dieran cuenta.
Casi con furia, como en una batalla de floretes, ambas sacaron los pies de las sandalias y los rozaron. Otras dos cervezas arreciaron el encuentro y los pies jugaron a subir por las pantorrillas, desafiando los límites que imponían la ropa y la decencia.
-Quédate conmigo- propuso Mariana-. En el cuarto sobra una cama.
Y asi fue: sobornaron al portero con un billete y en la habitación, Mariana explicó que Yanela vivía muy lejos y ya no había transporte. Lolita no hizo el menor comentario; siguió viendo la televisión mientras ellas preparaban la maleta. Al terminar el programa, apagó la lamparita de su mesa de noche y se dio vuelta hacia la pared. En unos minutos estaba roncando. Entonces Mariana entró al baño y regresó con una camiseta larga como piyama. "Te presto esta" y le dio otra camiseta a Yanela. Cada una se acostó en una cama y Mariana apagó la luz. A través de las gruesas cortinas no pasaba una gota de luz. En silencio, se acostumbraron a la oscuridad. Lolita seguía roncando cuando Yanela se cambió de cama. Mariana trató de decir algo pero la boca de Yanela la calló. "Nos va a oír" le susurraba entre beso y beso, pero ya la mano palpaba los senos pequeños, bajaba al sexo. "Yanela, por favor", pero Yanela no escuchaba.

III. DE VEINTIUN POEMAS DE AMOR. Adrienne Rich (Estados Unidos de N.A.)

Me despierto en tu cama
Se que he estado soñando
Mucho más temprano, la alarma nos separó la una de la otra
Has estado en tu escritorio por horas, sé lo que soñé:
Nuestra amiga la poeta viene a mi habitación
donde estuve escribiendo por días
bocetos, carbonillas, poemas están desperedigados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero vacilo
y me despierto. Besaste mis cabellos
para despertarme. Soñé que eras un poema
digo, un poema que quería mostrarle a alguien
y me río y vuelvo a soñar
con el deseo de mostrarte a toda la gente que amo,
para movernos abiertamente juntas
en el influjo de la gravedad, lo cual no es simple
lo cual transporta al césped alado por un largo camino lejos.

LESBIADA Silvia Matus. El Salvador
A P. J. 1987-1989
1.
En la ciudad impresionante
de pirámides y catedrales superpuestas
ofendiendo la memoria
tequila, baile, regodeo de la inconsciencia
Dionisio y Baco semidesnudos danzan.
Y en mí
un fuego ardía debajo de la piel
sin aspavientos
sólo ardía esperando el momento de la revelación...
Llaves extraviadas
la madrugada cómplice
un sofá exiliado
y dos cuerpos de mujeres amándose
territorio prohibido
por iglesias y hombres
carceleros del placer y el albedrío.

2.
Nos amamos entre máscaras y desconciertos
sólo los cuerpos sinceraban su lenguaje
atreviéndose a romper atávicos mandatos
del amor para reproducir la especie
no para el goce y el deleite puro
de dos diosas fogosas fundiéndose en un halo.

3.
Ibas y venías cargada de libros y presentes
maletas sin hacer en la casa de nadie
yo era una sombra atada
haciendo trampa a las conveniencias
y aveces te engañé con otros cuerpos
sin perder la certeza de tu mano sobre mi hombro
y una nena haciendo sus primeros pininos
lo demás era, pena y encierro en una Nicaragua atormentada.

4.
No sabía que hacer con ese amor
más que sentirlo a pesar de todos
legitimado por mi piel y mis sentidos
los abrazos, los besos y orgasmos
allí se estrellaban mandatos y estatutos
de decrépitos poderes.

5.
Eramos mujeres haciéndose el amor
contra todos los conjuros
vagínas húmedas gozosas
conocimos otras rutas
que apenas se nombraban
a través de Safo o Gertrude Stein.
Esas eran nuestras anchas alamedas
el paraíso perdido y encontrado
en un seno frente al otro
¡Y que dulce era el amor!

6.
Desencuentros, encantamiento roto.
Ya no fuimos las mismas
perdidas en el laberinto de la vida
sin Ariadna
extrañas que no hicieron nada
ante el derrumbe del amor.
Más todo pasa,
después de la herida la cicatriz asoma.
Pero amor,
¡La primera mujer jamás se olvida!.

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